Un gigante dormido
por Pedro Medina
Para el pasado 20 de julio el canal 7 de televisión de Boston reunió a un grupo de colombianos para hacer un programa sobre la realidad ampliada de Colombia. Hablo de la realidad ampliada porque en un estudio de hace un año con 657 norteamericanos, cuando se les pregunta en qué piensan cuando se menciona a Colombia, el 87 por ciento respondió drogas y terrorismo.
El ampliar esta realidad conlleva a hablar de las cuatro revoluciones que hierven en este momento en nuestra nación. En el programa, Alberto Vasallo, el conductor, se refirió a Colombia como el gigante dormido. Quiero referirme a cuatro revoluciones que están despertando a ese gigante: La revolución cultural, la del empoderamiento, la de la juventud, y la de la diáspora.
La revolución cultural lleva ya un par de décadas y viene como reacción al conflicto interno. Son 40 años de conflicto, con picos de violencia verdaderamente preocupantes, que han creado en Colombia y en los colombianos un espíritu emprendedor e innovador en el tema cultural. La revolución cultural tiene una fuerza catalizadora inmensa, pues genera un efecto espejo que cambia la autoestima de un pueblo. Nos da la oportunidad de tener una nueva narrativa para construir una identidad diferente.
Hace un tiempo hablé en una charla de un país con 40 años de guerrilla y conocido por este tema, donde su gente emigra en búsqueda de mejores oportunidades o huyendo de una realidad terrible y un país donde cuando alguien surge, los demás lo jalan para abajo. Hay un prejuicio enorme contra el éxito. "¿Cual es ese país?" pregunté. Varias personas respondieron "Colombia" y yo dije, "¡No, Irlanda! " En efecto, entre 1940 y 1980 Irlanda fue el país guerrillero de Europa, los irlandeses emigraban masivamente a EU y Europa y había un gran prejuicio contra el éxito.
¿Cómo vino el cambio? En 1978 un joven puso un aviso en el periódico de su colegio, "baterista busca guitarrista". Dos personas respondieron y formaron un grupo. En el 80 produjeron su primer LP. Al grupo le pusieron U2 y empezaron a exportar música, luego vinieron los escritores y los escultores, el teatro y el deporte, las novelas y las pinturas. La revolución cultural se había iniciado. El efecto en el pueblo de Irlanda fue sorprendente, empezaron a pensar, "si el mundo escucha nuestra música, lee nuestros autores, valora nuestras obras y admira nuestros deportistas, debe ser que somos mejores que lo que pensamos que somos". Se empezaron a ver con un espejo diferente, se empezaron a ver mejores, cambiaron su narrativa, empezaron a cambiar su auto-imagen. Con este cambio en auto imagen vino una inyección de confianza y con la confianza la inversión; luego lograron el ingreso a la Comunidad Económica Europea. En los últimos 5 años, Irlanda es el país del mundo desarrollado cuya economía más ha crecido (9.66% por año en promedio).
En Colombia la revolución cultural está en pleno furor. Uno de sus pioneros es García Márquez, con su realismo mágico; este género de escritura es un microcosmo de nuestra cultura- innovadora, diferente, paradójico, atrevido, "mamagallista", rico y seductor. Botero ha mostrado una Colombia grande en las plazoletas de todo el mundo, una Colombia imponente que se muestra como es. Shakira simboliza la Colombia auténtica, energética, única. Montoya ejemplariza una Colombia luchadora, ágil y persistente; Silvia Tcherassi, la Colombia bien diseñada, con buen gusto; Fanny Mickey, la Colombia protagonista, hospitalaria, dramática y divertida y Betty la Fea la Colombia diferente, dispuesta a sacarle jugo a lo que se tiene, dispuesta a tomar lo que hace con seriedad pero no tomarse a si mismo tan en serio.
Y es en esa Colombia dispuesta a sacarle jugo a lo que se tiene, que nace la segunda revolución, la del empoderamiento, el cual resulta cuando una comunidad entiende que su futuro está en sus manos y actúa consecuentemente. En 1999, 11 millones de colombianos protagonizaron la marcha más importante contra una guerra en la historia de la humanidad, según Thomas Pickering del Departamento de Estado norteamericano. En ese mismo año en una clase con 39 estudiantes universitarios, me ocurrió algo que cambio el curso de mi vida. Les pregunté, "¿cuantos de ustedes se ven en Colombia en 5 años?" 12 alzaron la mano. Le dije a los otros 27, "¿y ustedes que?" y ellos me devolvieron la pregunta; "díganos ¿por qué nos quedamos?" Yo les dije, hmmm...el café, las esmeraldas, los 2 mares, las flores y....", no se me ocurrió más nada. Busqué desesperadamente otras ideas y lo único que me vino a la cabeza era el cuento transmitido de boca en boca entre los colombianos que el Himno Nacional es el segundo himno más bonito después de la Marsellesa.
Frustrado decidí hacer algo al respecto. Ensamblé un grupo de estudiantes de 5 universidades que trabajó durante 18 meses investigando el por qué creer en Colombia. De ese esfuerzo, nacieron 5 charlas. La primera, "Por qué creer en Colombia" ha sido presentada ante audiencias que van desde 13,000 jóvenes en el Estadio El Campín en Bogotá hasta todos los embajadores acreditados en Colombia, desde los 3 candidatos presidenciales, hasta los colombianos en Queens y East Boston, desde las reinas de belleza, hasta la convención bancaria. En 1039 ocasiones ante 303,000 colombianos en 56 ciudades y 11 países, los voluntarios de la fundación "Yo Creo en Colombia" han despertado una chispa de empoderamiento. Yo dejé una bonita carrera con una multinacional para dedicarme a esto; para mi, la transición de empresario a empresario social que resultó de esta experiencia es un factor inmenso de empoderamiento.
Como estos dos ejemplos, hay cientos de otros casos de esa revolución de empoderamiento en la que se encuentra Colombia. Vale la pena resaltar las 110,000 entidades sin ánimo de lucro, las instancias de resistencia pacífica a los insurgentes como la reciente de los Paeces, los colegios en concesión en Bogotá, los consejos comunitarios del actual gobierno y la gestión empresarial rompe-paradigmas en industrias como la palma y el banano. La chispa de empoderamiento en Colombia está al rojo vivo.
Esta chispa de empoderamiento ha iniciado una tercera revolución: la de la juventud. El movimiento de niños por la paz es uno de sus primeros propulsores. Dos millones de niños colombianos lideraron un referendo por la paz. Toda una nación de 40 millones de habitantes reconoció que su juventud tenía la razón. Esa misma juventud, protagonizó movimientos como el de Jóvenes Emprendedores Exportadores, Expocamello y Colombia Joven. Esos mismos jóvenes han identificado modelos como José Manuel Acevedo, el columnista más joven del país quien desde los 13 años escribe columnas que mueven a la gente o Juan Pablo Montoya quien desde los 9 años es campeón deportista, como ejemplos a seguir. Como ellos, cientos de otros jóvenes colombianos están liderando revoluciones en sus hogares, colegios, universidades, instituciones y comunidades.
Y la cuarta revolución, más reciente, menos protagónica aun, pero con un potencial inmenso es la revolución de la diáspora. Hace 2 años, David Letterman en su programa de televisión se estaba burlando de las reinas de belleza con el tema de competencias. Dijo que ahora las reinas iban a ser juzgadas no por su belleza sino por sus competencias. Por ejemplo, dijo, que la reina colombiana va a ser juzgada por su capacidad de tragarse 5 condones con cocaína. Este comentario despertó indignación. Las comunidades colombianas en el exterior se unieron. Empezaron a mandar cartas y correos electrónicos, a llamar y a manifestar al frente del edificio de la CBS. Por primera vez en la historia de ese programa la CBS permitió que una persona como Andrea Nocetti abriera el programa. Durante 10 minutos al frente de 20 millones de televidentes tuvo la oportunidad de hablar en una forma positiva sobre Colombia.
La fuerza de una diáspora de cinco millones de colombianos, gente emprendedora, deportistas, estudiantes, científicos, artistas, y trabajadores colombianos es algo que el gobierno actual ha reconocido y está trabajando para capturar, gente que ha sobresalido en su campo como el colombiano Argemiro Bonilla, el mejor tallador de muebles de madera de los Estados Unidos. Esa fuerza que ya representa la segunda fuente de divisas para Colombia después del petróleo puede traer conocimientos, conexión, competencias, ideas, metodologías, posicionamiento, capital, oportunidades, y confianza a Colombia. Vale la pena apoyar ejemplos de grupos que están uniendo a esa diáspora como Colombiana-Mente, y cientos de otros.
Colombia es un país revolucionario, cuna de 4 revoluciones en plena ebullición. Las cuatro están concatenadas. La cultura trae paz interna y la paz interna conduce a paz externa, el empoderamiento resulta en una remoción de paradigmas que nos bloquean el crecimiento y en una adopción y desarrollo de competencias que nos ayudan a sacarle jugo a las grandes riquezas que tenemos los colombianos. La juventud y la diáspora actúan como catalizadores y facilitadores de los procesos de cambio. Colombia es una nación que merece un mejor presente que el que tiene y esta construyendo un mejor futuro en formas revolucionarias. Los 200,000 televidentes que vieron ese programa el 20 de julio, en cinco estados del noreste de Estados Unidos, escucharon sobre estas cuatro revoluciones y sobre el concepto del gigante dormido. Colombia un país que se está despertando. Ayudémoslo!!!
Pedro Medina / Pedro Medina lidera la Fundación Yo Creo en Colombia. Fué Fellow en el Centro de Asuntos Internacionales Weatherhead de la Universidad de Harvard
Pedro Medina
Director
Fundacion Yo Creo en Colombia
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